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OBJETO DE DESEO

Hoy es el primer San Valentín, en más de una década, que paso solo. Ay pena, penita, pena… que cantaba Lola Flores. Y yo, que pensaba que ahora me tocaba pasarlo bien, voy y me enamoro. Seré gil…

Justo cuando me creía a salvo, polvo va, polvo viene… con un par de números de teléfono repitiéndose hasta la saciedad en el buzón de entrada de mensajes, en el listado de llamadas recibidas, perdidas y, en menor medida, en la lista de llamadas enviadas (después de que me rompieran, me tocaba encontrar mi espacio)… ¡Crash, boom, bang! (Roxette dixit): El corazón volviendo a sentir.

-Dios castiga sin palo y sin piedra- me ha dicho siempre mi madre. Y tanto me obsesionó “Orgullo y prejuicio” (mi tabla de salvación tras la ruptura) que me está tocando vivir el sentimiento a la antigua usanza: Con temblores de rodillas, corazón desbocado e imposibilidad de cruzar palabra alguna con el objeto de mi deseo.

Lo que más me jode es esta sensación de haber perdido la inteligencia emocional: Parece que he vuelto a los quince años. De nada me ha servido todo el curro invertido en aquel tímido enfermizo que fui y que me ha convertido en el tío echao’ pa’lante y más o menos divertido (según el día) que soy hoy. Aunque bueno… el otro día una amiga de una amiga me dijo que el día que me conoció le parecí un poco borde (¿?) No sé si será un resto del tímido o que, sin darme cuenta, me he convertido en un reflejo de la gente que me gusta. Esa que que no se llama tu amigo desde el principio sino que va poco a poco y que, cuando dice que te quiere, es porque está ya a muerte, hombro con hombro, en tu vida.

Un amigo me ha dicho que no alimente mis sentimientos porque si mi "oscuro" (por lo secreto) objeto de deseo ya ha conseguido que pierda la inteligencia emocional, qué no será capaz de hacerme perder… Yo le tranquilicé porque, de momento, no me ha hecho perder ni la vergüenza. Y es que nos hemos cruzado varias veces por ahí y he sido incapaz de decir ni un simple “hola”. Y no quiero que se me olvide comentar que mi cobardía adquiere tintes vergonzantes porque el día que nos “conocimos” yo fui el abordado. Ahora tengo miedo de que piense que no me acerco porque me cae mal o algo así, y no que no lo hago por todo lo contrario.

He llamado a mis íntimos para preguntar si el día que me atreva a decirle algo debo hacerme el tonto y hacer como si nada o ser sincero. Hay consejos para todos los gustos: Los que piensan que si soy sincero se asustará, los que opinan que no hay otra manera que ir con la verdad por delante y (jeje…) lo que me ha aconsejado mi amigo Ricardo: Que le meta un pisotón y a empezar de cero. Una cosa que me preocupa es que el número de los que apuestan por la sinceridad está creciendo, pero la razón que esgrimen es que así no pierdo más el tiempo. Y a mi esta motivación me parece taan dudosa…

El que me ha dado el consejo que más me reconforta me ha avisado de que mi objeto de deseo podría no ser nadie en concreto sino el amor en sí y que es una secuela de mis años de casado pero yo no puedo ya analizarme tan minuciosamente.

Sólo sé que, cuando pensaba que estaba muerto por dentro, mi objeto de deseo despertó las partes de mi alma a las que más cariño tengo. Como una fuerza de la naturaleza, con carácter mediterráneo, que se mueve con toda la sinceridad que puede por el mundo. Tiene además algo que admiro: Un claro sentido de lo que le parece correcto y lo que no.

Además están todas esas pequeñas cosas irracionales, las que no le importan a nadie, que me hacen querer morirme en sus brazos, con la ingenuidad que he ido enterrando con los años y que un sólo chasquido de sus dedos ha sacado a flote: Su pelo, una sonrisa que te desarma, una mirada intensa que me muero por cruzar y una voz que no dejo de oír en mi cabeza.

- Tonto, tonto corazón… Levántate y anda.

¡FELIZ AÑO NUEVO!

Bueno... Pues parece que hoy es el primer día del año... de la rata. Así es que, como soy así de educadito, supongo que no es mala idea empezar este blog felicitando a ni sé la de millones de personas. Parece que el roedor viene con buenos augurios (cruzo dedos) Yo ya le tenía mucha fe a este 2008 porque 2+0+0+8=10 y 1+0=1 (el 1 en numerología simboliza el Sol) Es por ello (oye) que esta pasada Nochevieja, antes de las uvas, le puse una velita al año que empezábamos para que fuese un año de plenitud y comienzo de cosas buenas.

Ayer, en mi ignorancia de que para nuestros amigos chinos era Nochevieja, quedé con un amigo y nos fuimos a un bar a tomar unas tapitas mientras daban el España- Francia. No había acabado la primera parte, y le llamaron desde el hospital porque un colega había tenido un accidente que había dejado el coche siniestro total. Un taxi y a la Paz... La verdad es que no hay como pasarte por las urgencias de traumatología para darte cuenta de la cantidad de cosas (esas cosas que siempre parece que le pasan a los demás) suceden a cada momento. Así es que hoy he empezado este Año Nuevo chino con un sentimiento de gratitud con el de arriba que no os podéis hacer una idea... Es curioso que, justo antes de que le llamaran, Juan (que es el nombre del amigo con el que me estaba tomando un algo por la Latina) me estaba comentando que él creía que el nuevo año chino iba a estar muy bien porque no era normal la cantidad de cosas que nos habían pasado a tod@s en los últimos tiempos. Y es que yo le acababa de contar que mi mejor amiga acababa de romper una relación de 12 años, tan sólo unos meses después de que yo hubiera roto (o me hubieran roto) otra de 11. Entre medias también Juan había roto con su ya ex así es que... No sé, es como si nos hubiéramos desprendido (no sin dolor, claro está) de lo viejo para dejar hueco a cosas buenas que están por venir (espero)

Quizás soy ingenuo... Yo he de reconocer, no sin cierto pudor, que como este año las Navidades me pillaron por sorpresa y no las viví como creo que deben vivirse (supongo que en el fondo debía estar con una especie de síndrome post-traumático del 2007) todavía no he quitado el árbol ni el calcetín para Papá Noel que tengo cerquita de la tele. Como no creo que nada sea porque sí me estoy autoconvenciendo de que quizás hoy sea el primer día del resto de mi vida. Así es que aquí me tenéis, cuidando el niño interior, esperando un milagro... Y es que, como dicen mis amigos Amaya y Jesús: "Aún creo en al amor, de ese que dicen que es para siempre..."

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