Periodistas, no héroes
¿Por qué no han atrapado a estos tipos?, se preguntó en Sarajevo el actor Richard Gere, protagonista de la película, “La sombra del cazador”. Ustedes pueden valorar el grado de hipocresía o de cinismo de los gobiernos que tienen tropas desplegadas en Bosnia desde hace muchos años y hacerse la pregunta que me formuló un jefe militar español de alto rango en Bosnia ¿Estarías dispuesto a admitir la muerte de quince a veinte soldados españoles en la operación de captura de los criminales de guerra serbo-bosnios Radovan Karadzic y Ratko Mladic? El precio es muy alto, pero real. Ningún gobierno occidental, lo ha querido pagar. Los periodistas occidentales nos hartamos de denunciar el genocidio de los radicales serbios en Croacia en 1991, que tuvo en la ciudad de Vukovar, el escenario más cruel. (Ver la película “Las flores de Harrison”). Nos fijamos en los grandes acontecimientos, en grandes matanzas como la de Srebrenica con 7.000 musulmanes bosnios asesinados a sangre fría pero el mayor crimen fue en el día a día, entre vecinos, en las aldeas, asesinos Chetniks serbios y Ustachas croatas. Al final, los mujahidines bosnios no se quedaban atrás, afganos y argelinos muy temidos por todos. Recuerdo un encuentro con el criminal serbio Arkan, líder de los tigres de Arkan, grupo de paramilitares serbios responsables de numerosas atrocidades en Croacia y en Bosnia. Cortés pero distante no podías fiarte de sus intenciones en esa zona de gargantas del rio Neretva, donde Tito derrotó a los nazis, y donde la presencia de legionarios españoles garantizó la integridad a unos periodistas españoles que buscábamos un teléfono para poder transmitir nuestro trabajo. Arkan llegó a ser diputado en Serbia en 1992 y murió acribillado en la entrada de un hotel de lujo en Belgrado en enero de 2000. Es lo que pasa con los criminales de guerra que tienen muchas cuentas pendientes de sus trapicheos. Lo mejor es que fuera en el Tribunal Internacional de la Haya donde se saldaran, pero la realidad de la mafia impone otras reglas. Por cierto, los periodistas no somos héroes por mucho que se empeñe Hollywood y cuenten algunos advenedizos.
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