Intervención en Birmania

“Es una opción” Con esta actitud flemática, típicamente británica, el primer ministro, Gordon Brown, ha respondido en la BBC a la pregunta de si la comunidad internacional debería obligar al gobierno dictatorial birmano a aceptar la ayuda humanitaria y de expertos occidentales para socorrer a las víctimas del ciclón Nargis. Tanto Brown como el embajador francés ante la ONU, Jean-Maurice Riprert, han acusado a la junta militar birmana de ser responsable por su obstruccionismo de un desastre humanitario de mayores proporciones al causado por el ciclón. “Tendrán que rendir cuentas”, ha advertido Brown pero ha evitado un compromiso mayor. “Genocidio, crimen contra la humanidad”, son expresiones del embajador francés para calificar el comportamiento inadmisible del gobierno birmano que acusa a Francia de colocar un buque de guerra en la zona. Ese barco lleva 1.500 toneladas de ayuda, según París. Mientras se producen las declaraciones políticas miles de personas mueren ya por el cólera, el tifus y la malaria. Las cifras oficiales hablan de 78.000 muertos y 56.000 desaparecidos. ¿No son suficientes para justificar una intervención internacional que acabe con una dictadura infame y sin escrúpulos? Ha pasado una semana y la pasividad internacional continúa. La atención se ha desplazado a otra catástrofe natural en la provincia china de Sichuan donde el régimen comunista sí está actuando con transparencia y con apoyo internacional para ayudar a los miles de víctimas del terremoto. Dos regímenes dictatoriales actúan de manera diferente para socorrer a los damnificados, si bien es cierto que los Juegos Olímpicos pesan mucho y el poderío chino también pero es inaceptable que proteja en la ONU a los birmanos. En el seno de lo que llamamos comunidad internacional la vida de miles de birmanos no interesa lo suficiente como para plantearse la necesidad de imponer la democracia en un país asiático olvidado y donde nadie tiene intención de arriesgar ni un soldado ni gastarse ni un dólar más de lo previsto ya en ayuda humanitaria. Recordamos que el Papa reabrió en Naciones Unidas el debate sobre la injerencia internacional frente a la soberanía nacional para proteger a la población de cualquier país. Una semana después seguimos reclamando, a pesar de su complejidad, una intervención internacional en Birmania porque quedarse con los brazos cruzados sigue siendo infame y vergonzoso.

Escrito por: javier 1 comentario 18 May 2008 URL Permanente

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Marcos FBI

Marcos FBI dijo

Lo más penoso es que hoy se están vendiendo las ayudas en los mercado de la capital, a plena luz del día y con gran descaro, ya que no se han molestado en borrar el emblema de la ONU de los sacos de arroz.
Supongo que los militares se estarán enriqueciendo lo suficiente como para que puedan pasar las vacaciones en Niza, Berna o Montecarlo mientras sus ciudadanos mueren.

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