03 Abr 2008

SFAS 157

Llevaba un par de días despistado porque el mercado ha estado subiendo como loco (hasta hoy) y no lograba encontrar una razón.

¿La bolsa tiene razones que la razón ignora? ¿Hemos pasado ya lo peor y ahora viene la recuperación? ¿Es el triunfo de la esperanza sobre la experiencia?

No es ningún secreto que muchas veces los periodistas económicos nos tenemos que inventar las razones por las que el mercado se mueve, porque, lisa y llanamente, nadie sabe los verdaderos motivos. El mercado es tan vasto, está hoy todo tan interconectado, que entran en juego infinidad de factores, movimientos técnicos, tendencias psicológicas, que a veces es realmente complicado atribuir a una razón concreta las variaciones que se producen. Es cómo atreverse a calcular al milímetro los movimientos de las mareas.

Pero creo que en esta ocasión tengo alguna pista.

Si no les interesan mucho las finanzas aconsejo que no siga leyendo, porque el tema es bastante complejo. Tanto que se me haría cuesta arriba explicarlo en detalle en el programa, si no es a riesgo de hablar en chino para la mayoría de oyentes.

Resulta que el viernes pasado la SEC (Securities and Exchanges Commission), la CNMV estadounidense, colgó una nota en su página web en la que clarifica algunos cabos sueltos sobre las normas de contabilidad financiera de los bancos.

Como saben las grandes entidades financieras internacionales se han dedicado en los últimos meses a realizar gigantescas amortizaciones de activos ilíquidos y de alto riesgo, es decir, como dicen los americanos, a reducir el valor de sus activos tóxicos, debido a que la grave crisis financiera de estos meses ha dejado sin valor muchas de las inversiones de alto riesgo de estos bancos.

Una situación que llegó a su clímax el pasado 17 de marzo, cuando la reserva federal se vio obligada a intervenir de urgencia en Bear Stearns y acudir al rescate del banco de inversión con la ayuda de JP Morgan, para evitar el colapso de la entidad y en cascada del resto del sistema financiero.

Pues bien, según esa nueva directriz de la SEC, los bancos a partir de ahora se verán obligados a valorar sus activos en función de los precios del mercado, salvo en los casos en que se haya producido una liquidación forzosa de activos, es decir, una venta urgente de activos debido a las negativas condiciones del mercado.

En esos casos, los bancos podrán mantener sus valoraciones previas y no tendrán que regirse por los precios actuales del mercado.Y ahí está la madre del cordero. Si los bancos pueden poner los precios que quieran a sus activos tóxicos, ya no van a tener que realizar más amortizaciones masivas, van a poder salvar la cara de sus balances, y sus cuentas trimestrales van a mejorar sustancialmente. ¿Se solucionan así los problemas? De ninguna manera, pero se barren debajo de la alfombra y eso parece suficiente por ahora para Wall Street. Supongo que no es un tema que levante pasiones, y ya sé que mis compañeros radioactivos de blog hablan de cuestiones mucho más interesantes, pero para los cuatro despistados que hayan llegado hasta al final, al menos les puedo ofrecer esta explicación diferente a la que cuentan todos los medios de comunicación sobre el comportamiento del mercado en estos días.

Escrito por: jfrances 0 comentarios 03 Abr 2008 URL Permanente

26 Mar 2008

El ladrillo se nos cae

Lo que mucho nos temíamos está empezando a suceder.

Llegan las quiebras y las suspensiones de pagos en el sector inmobiliario español.

La crisis del mercado de la vivienda es ya una realidad, que está golpeando en la cara de muchos empresarios que en los últimos diez años se han hecho ricos en nuestro país con el ladrillo.

No se venden pisos, el grifo del crédito está cerrado, y los bancos no están dispuestos a mirar para otro lado por más tiempo, que bastantes problemas tienen ya ellos, por lo que quieren recuperar sus préstamos, y si no lo consiguen, no van a dudar en empujar a más de una y más de dos compañías a la quiebra.

En estas condiciones solo es cuestión de tiempo que muchas inmobiliarias puedan empezar a caer como moscas.

En un solo día este miércoles hemos visto varios casos:

Cosmani. La inmobiliaria, con sede en Pozuelo, (Madrid) y creada en 1995 por el empresario Manuel Nieto, se ha visto abocada al concurso de acreedores para cinco de sus filiales, al no poder hacer frente a una deuda financiera de 350 millones de euros. Y eso que, si uno echa un vistazo a sus cuentas, su situación financiera no es del todo mala, con activo superiores a los 1.600 millones de euros, es decir, cinco veces más que su deuda.

Ya quisieran Colonial, Martinsa Fadesa, y muchas otras integrantes del G-14 inmobiliario poder decir lo mismo, con unos niveles de deuda muy superiores a los activos gestionados o a su capitalización bursátil.

Colonial, sin ir más lejos, vale en bolsa 1.500 millones de euros, y tiene una deuda de más de 7.000 millones. Martinsa Fadesa tiene una capitalización de 1.800 millones, y una deuda superior a los 5.000 millones.

Es como si usted todos los meses tuviera que pagar una hipoteca al banco cinco veces mayor que todos sus ingresos...

Ambas empresas negocian a contrarreloj con las entidades acreedoras una refinanciación de la deuda, pero las perspectivas son cada vez más complicadas.

Prasi. Constructora de viviendas de VPO que opera en Madrid y Castilla y León, ha entrado también en suspensión de pagos tras retirarle la Empresa Municipal de la Vivienda de Madrid y, su homóloga en Alcorcón, sendos proyectos por falta de liquidez para pagar a los proveedores. A algunos ya no les llega ni para el cemento.

Grupo Sánchez. La inmobiliaria controlada por José Antonio Sánchez Santamaría y Pilar Romero y con sede en Manresa (Barcelona), ha ido a proceso concursal con un volumen de deudas de 97 millones de euros. La Caixa y Caja Madrid son sus principales acreedores, y ambas cajas han dicho basta.

Y podríamos seguir con muchos casos más: Detinsa está con serio problemas también, vendiendo activos para sobrevivir, Hábitat evitó la suspensión de pagos en el tiempo de descuento y sólo por el momento, la semana pasada cayó SEOP, la inmobiliaria cántabra patrocinadora del Rácing de Santander, la sevillana Contsa, que quebró porque no tenía liquidez ni para pagar la nómina de sus 30 trabajadores, Llanera fue de las primeras en morder el polvo ya el año pasado, etc.

Como vemos las primeras en caen están siendo las más pequeñitas, con las que los bancos tienen menos reparos a la hora de quitarles el respirador. Pero cada vez estemos más cerca quizá de presenciar el primer gran petardazo.

Por algo será que todos los bancos y cajas de ahorros están creado nuevas unidades específicas para controlar y tratar de atajar la morosidad, que está creciendo como la espuma y amenaza con devorar por dentro los balances de las entidades financieras.

Pero de las posibles víctimas en el sector bancario español de la crisis actual, sobre todo entre las cajas de ahorros, hablaremos otro día.

Escrito por: jfrances 1 comentario 26 Mar 2008 URL Permanente

04 Mar 2008

¿Y ese humo?

La prensa financiera británica lleva un tiempo lanzando estacazos indiscriminados contra la economía española, tanto acerca de la solidez de sus cimientos, como de la insostenible situación del mercado de la vivienda, y especialmente de la solvencia de los principales bancos del país.

Quizá sea sana envidia por el impoluto balance que hasta la fecha presentan las entidades financieras españolas en estos tiempos tan convulsos de hipotecas subprime y demás, o rencor, por lo mal que le están yendo las cosas a sus rivales británicos (p.ej. Northern Rock) o directamente será el carácter natural de estos hijos de la Gran Bretaña.

Pero eso no significa que todo lo que dicen es mentira. Es más, haríamos bien en prestar atención a algunas señales alarmantes de lo que se avecina en el mercado inmobiliario.

No se trata de catastrofismo, ni de gritar fuego. Se trata de tener el extintor a mano por si acaso.

La burbuja inmobiliaria efectivamente se ha pinchado, todo el mundo lo admite ya hoy en día, pero pocos son conscientes del alcance que puede tener, de las consecuencias que nos puede deparar.

Los cambios de ciclo en la vivienda no son como en la bolsa, donde de un día para otro se puede poner el mercado patas arriba. El ciclo inmobiliario es más largo, más lento, entre otras cosas porque el vendedor siempre es reacio a rebajar lo que pide por su casa, espera que pase la tormenta.

Pero realmente, la tormenta es posible que todavía no haya llegado a golpear contra nuestras ventanas. Los precios muestran todavía un crecimiento, de un dígito, sí, por debajo ya de la inflación, también, pero crecimiento al cabo.

Ahora, ¿qué va a pasar en los próximos meses? Muchos expertos opinan que nuestro mercado inmobiliario se parece bastante al estadounidense. Pues bien, allí los últimos datos hablan de desplomes del precio de las casas del 25% con respecto al año anterior.

Hay 15 millones de ciudadanos norteamericanos que han vendido sus casas y tienen que seguir pagando la hipoteca, porque el importe de ésta es mayor que el precio al que han vendido su vivienda.

El presidente de la Reserva Federal acaba de pedir a los bancos del país que perdonen parte de los préstamos a ciudadanos con apuros para pagarlos, y evitar así que la oleada de embargos que azota a la mayor economía del planeta se convierta en una emergencia nacional.

¿Da miedo, verdad? Bien, pues ahora, pensemos en nuestro país.

Según datos del Banco de España, los permisos de construcción de casas nuevas han pasado de crecer al 25% estos años atrás, a desplomarse un 20% este otoño pasado. Y si la oferta cae a plomo, por qué será? Evidente. Aquí ya no compra ni el Tato, como diría Rajoy.

¿Qué va a pasar en los próximos meses? Yo no soy ningún adivino, pero me atrevería a pronosticar muchos problemas para las inmobiliarias de este país. Por muchos problemas no me refiero a caída del beneficio. Hablo de palabras mayores. Suspensiones de pagos. Quiebras.

No es catastrofismo. Probablemente sea un proceso de purga necesario y doloroso por el que hayamos de pasar tras una década de excesos, y es verdad que las finanzas públicas están mejor preparadas que nunca para afrontar el golpe. Pero hay que decir las cosas por su nombre. Y si no hubiera elecciones de por medio, ya estarían aquí los camiones de bomberos.

Escrito por: jfrances 0 comentarios 04 Mar 2008 URL Permanente

19 Feb 2008

Crédito Suizo

La banca suiza ya no es lo que era. Hasta hace poco los paisanos de Federer soportaban el estigma de ser una tierra donde nunca pasa gran cosa (ya saben, esa mítica frase de Orson Welles, que contraponía a Italia, como un lugar inestable y repleto de sangrientas guerras civiles, revoluciones, traiciones, pero en la que en su seno se desarrolló el renacimiento y algunas de las más grandes obras de arte de la historia, con suiza, donde sus ciudadanos han disfrutado de unos cuantos siglos de paz y tranquilidad, y en donde la mayor contribución a la humanidad ha sido el reloj de cuco...)

En fin pero al menos a los suizos les quedaba a gala poseer dos elementos de gran prestigio: uno era el chocolate, (el elaborado a base de cacao, se entiende) y el otro la banca. Ya solo les queda el chocolate.

Ultimamente los banca suiza está hecha unos zorros. Primero fue UBS, que sucumbió a las primeras de cambio a la crisis hipotecaria originada en Estados Unidos, la famosa subprime, y lleva varios meses anunciando provisiones multimillonarias para descontar en sus activos el importe de las inversiones fallidad; hablamos de cerca de 20.000 millones de dólares, que literalmente se les ha ido por el desagüe a la Unión de Bancos Suizos. Hasta ahora, el otro gran referente del país, la Credit Suisse, había aguantado incólume a este chaparrón. Hasta ahora. Este martes ha reconocido errores en la negociación de activos en renta fija que le van a suponer pérdidas de casi tres mil millones de dólares, que está investigando la actuación de determinados empleados del banco, y que no descarta que haya más trapos sucios que lavar en los próximos días. Lo más inaudito es que sólo hace una semana Credit Suisse publicó las cuentas anuales, y negó tajantemente que tuvieran ningún activo comprometido por la crisis crediticia. Eso se llama buen timing. Con un reloj de cuco... No extraña por tanto la reacción del mercado, que castiga sus acciones con caídas del 8%.

Menos mal que nos queda el chocolate

Escrito por: jfrances 0 comentarios 19 Feb 2008 URL Permanente

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