Como si los peces se metieran a escritores.
Navegando anoche De Costa a Costa entre las olas del aceite que calentaban el filete de mi cena, escuché a Félix Madero hacer una pregunta a propósito de la dimisión de Gaspar Llamazares en Izquierda Unida y el debacle de este partido durante los últimos años:
Servidor, que además de aficionado a los filetes también saborea con gusto las empanadas (mentales), se puso a darle vueltas al coco. A la cabeza, quiero decir, porque no acostumbro a comer cocos. No quiero ni preguntar su precio viendo cómo está la cesta de la compra.
Pero seguimos comprando cocos, limones, harina y todo lo que haga falta por mucho que suban los precios, porque somos humanos y tenemos la manía de llenar nuestro estómago, aunque la crisis nos azote. Compramos lo necesario y seguimos gastando dinero en cosas que no nos hacen demasiada falta. La publicidad se ocupará de convertir lo superfluo en imprescindible. Te puedes creer cualquier cosa.
De hecho, puedes estar convencido de que la crisis avanza implacablemente mientras los bancos empiezan a publicar sus jugosos balances del último trimestre. Lo decimos en las radios, lo escriben los periódicos, lo vemos en televisión y lo damos por cierto: hay crisis. Es como los chistes: todo el mundo los cuenta y nadie sabe quién se los ha ha inventado. El problema es que esto no tiene ninguna gracia.
En la Universidad nos explicaron que hay que distinguir entre publicidad, que vende bienes y servicios, y la propaganda, que consiste en la transmisión de ideas. El problema de este mundo es que nuestros políticos hace tiempo que dejaron de dedicarse a la propaganda para ser objetos publicitarios. Ya no transmiten principios. De hecho ya no transmiten nada. Son un producto que se ofrece a la ciudadanía cada cuatro años y que podemos comprar con nuestro voto. Los eslóganes quedaron atrás para dejar paso a las marcas, como "ZP" o las infames "kelifinder", y los discursos dejaron de lado la filosofía para convertirse en puras y duras promesas, intentando mostrar por qué uno es mejor que otro, y no por qué se acerca más a tus ideas. Eliges a tu candidato como si escogieras entre marcas de limones, harina o cocos.
En este mundo frenético en el que vivimos, la política no es política y no tenemos tiempo para andar pensando en si el sistema debe ser de tal o tal forma. Nuestra democracia comenzó así, idealista, pero a medida que se ha ido asentando ha cogido el peor defecto del sistema norteamericano: el bipartidismo. Ya no se trata de pensar, se trata de elegir. Lo primero es complicado, en lo segundo no se tarda nada.
John McCain, como el resto de políticos, lo tiene claro y juega su campaña a base de golpes de efecto. Ha prometido comprar las hipotecas insalvables después de que su as en la manga no fuera más que un dos de bastos. Mostró a Sarah Palin como su gran baza para convencer a los norteamericanos más conservadores, y lo que al principio fue su trampolín para encabezar las encuestas se ha convertido en una piscina sin agua. En cuanto la señora ha tenido que abrir la boca, que así se ganan la vida los políticos, ha mostrado que el producto republicano era de mala calidad.
Como la mala calidad de los activos que pretende absorber George Bush con su plan, que ha sido inspiración para Zapatero. Extremos tan separados que al final se han tocado. Pero como el de allí es de un lado, y el nuestro es de otro, aquí vamos a comprar activos de "máxima calidad". ¿Venderán los bancos esos activos para quedarse con los malos? ¿De verdad me lo tengo que creer? Rajoy juró eterna lealtad y no decir ni mu a las medidas que tomara el Gobierno, lo que no sé si es una actitud responsable o una oposición de mala calidad.
No hay izquierda después del Partido Comunista porque en España no hay política. Hay una serie de maniquíes que nos ofrecen cada cuatro años y que tratan de arreglárselas para hacer parecer que tienen ideas. Pero no es cierto. Simplemente ofrecen su mejor cara para ver si así se aseguran los votos que les permitan seguir viviendo del cuento. Cuando comenzó la democracia en nuestro país, seguro que ni se imaginaban que esto llegara a ocurrir. Tan improbable como que los cerdos volasen, o como si los peces se metieran a escritores.
Mi muy admirado Félix, contestaré que no hay izquierdas ni derechas, hay una serie de gente que se arrima al sol que más calienta. Como mi filete a la sartén. Y pensando, pensando, acabó totalmente quemado. Como una piedra negra. Un filete tóxico. ¿Algún gobierno caritativo que apruebe un plan para comprármelo?
Sobre este blog
EL JUNTALETRAS.
Francisco IzuzquizaFrancisco Izuzquiza.
http://izuzquiza.wordpress.com
Locutor, periodista, fotógrafo en sus ratos libres, escritor aficionado, trasnochador por devoción y obligación, y amante del arte de hablar sin que nadie se lo pida.
Cinco Lunas, domingos de 1 a 5 de la noche, y de lunes a jueves de 1.30 a 5.
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