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Baloncesto made in Hollywood.

Es increíble cómo los norteamericanos convierten cualquier acontecimiento en un espectáculo. Todo está hecho para vender, todo de cara al público. Palomitas, refrescos y perritos calientes, por favor. La industria del ocio manda y hoy lo hemos comprobado en el primer partido de las finales de la NBA, aprovechando el mejor escenario deportivo posible: el mítico enfrentamiento entre Celtics y Lakers. El TD Banknorth Garden se ha convertido en un gigantesco plató de rodaje e, ironías de la vida, Boston ha enseñado a Los Angeles cómo se crea un éxito para la pantalla gigante.

No es una película sobre deportes. Es una guerra. Los Boston Celtics son los buenos. Protagonista: Paul Pierce. El chico que se hizo hombre jugando con esa camiseta y que por fin tiene la oportunidad de cumplir el sueño de su infancia: convertirse en campeón de la NBA. Enfrente, los malos, Los Angeles Lakers. El antagonista: Kobe Bryant. Un hombre que lo tuvo todo con tres títulos de campeón junto a Shaquille O'Neal y que trata de devolver a su equipo al lugar del que desplazó por culpa de su ego, que provocó la marcha de su compañero a Miami.


La figura de Paul Pierce domina el escenario de la batalla.
(Foto: Joe Murphy / NBAE / Getty Images)

Primer acto: ambientamos la película. Casi veinte mil gargantas coreando el grito de guerra: "Beat LA". Vencer a Los Angeles. Son el mismo batallón que acompañaba a William Wallace en la película Braveheart. Mantenemos la tensión con un marcador apretado y añadimos tramas secundarias para no aburrir al espectador. Es el momento de los actores de reparto: Kevin Garnett y Pau Gasol batallando bajo los aros y Sam Cassell y Derek Fisher aportando veteranía y puntos decisivos a sus equipos desde el puesto de base. El antagonista muestra su peor y su mejor cara: comienza el partido egoísta, jugándose tiros difíciles y forzando situaciones imposibles. Con el paso de los minutos sale a flote su calidad y los lanzamientos comienzan a entrar. Problemas para los Celtics.

Punto de inflexión: la caída del héroe. Paul Pierce recibe un golpe de un compañero por la espalda y su rodilla le traiciona. Gestos de dolor, manos a la pierna y todo el público en silencio temiendo lo peor. La imagen lo dice todo: los compañeros se llevan a su jefe en brazos. No puede ni caminar.

Segundo acto: el pueblo sin su líder trata de resistir la batalla. Los Angeles no consiguen escaparse en el marcador. El esfuerzo colectivo de los de Boston frena el posible desastre. Pero no todo son buenas noticias para ellos: cae otro hombre. Kendrick Perkins. El gigantón del ejército que en todas las películas acaba muriendo a manos de seis o siete soldados del ejército rival. Pero queda un resquicio para la esperanza.


El malo de la película: Kobe Bryant.
(Foto: Garrett Ellwood/NBAE/Getty Images)

Momento álgido: el héroe ha vuelto. Paul Pierce regresa al campo caminando y el público se vuelve loco. Es el momento clave. Quiere entrar a la pista sin esperar a que los árbitros le dejen. Tiene que liderar a su ejército. La película así lo requiere.

El segundo acto termina con una demostración épica de las que sólo saben hacer en Estados Unidos: el héroe demuestra por qué es el líder. A pesar de la lesión, dos triples consecutivos lanzan a su equipo en el marcador y ponen al público en pie. Y llega el obligado baño de masas del protagonista: cuando vuelve al banquillo pide una bicicleta estática para calentar su maltrecha rodilla. La bicicleta está situada prácticamente en las gradas del pabellón. El delirio. Ya estamos preparados para la parte final.

El tercer acto es la lucha entre los dos ejércitos, el intento de los Lakers de recortar distancias mientras los Celtics pelean jugada a jugada por mantener en sus manos el terreno que tanto les ha costado conquistar. Los angelinos se desesperan. No hay por donde atacar. No funciona nada.


Actores secundarios: Pau Gasol y Kevin Garnett.
(Fotos: Nathaniel S. Butler/ Brian Babineau/NBAE/Getty Images)

La ventaja de Boston es cómoda y la situación se mantiene más o menos fija. Pero el espectáculo no debe desaparecer. Por ello, los guionistas incluyen esa escena que debe hacer que el público se agarre a sus asientos durante unos segundos: un mate a dos manos de Kevin Garnett tras capturar un rebote en la zona. Destrozando a Pau Gasol. It's over. También aprovechan para mostrar la peor cara del malo de la película: forzando de nuevo una y otra vez, Kobe Bryant ayuda a cavar la tumba de su propio batallón. De nuevo el egoísmo le pierde. Recae en errores pasados. Los malos siempre son víctimas de su ambición.

Y la película, como no puede ser de otra forma viniendo de Estados Unidos, termina con la victoria de los buenos. Boston Celtics 98 - Los Angeles Lakers 88. La historia ha acabado bien, todos se van contentos a casa con los ánimos por las nubes con el mensaje de que todo es posible rondando sus cabezas.


¿Conseguirán los Lakers llevarse ese trofeo a casa?
(Foto: Joe Murphy/NBAE/Getty Images)

Lo que no explican es que la película en realidad no ha terminado. La máquina de hacer dinero sigue funcionando y pronto habrá una secuela en las pantallas. Y luego otra. Y otra... Entre tres y seis nuevas entregas, calculan los productores. El público lo demanda. Y en el fondo, esto se trata de dar a la gente lo que quiere, nada más y nada menos. Así funciona todo en Estados Unidos. Todo supeditado al espectáculo. Incluido el deporte.

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MADRUGANDO, que es gerundio.

Francisco Izuzquiza.

Toda la vida soñando con dejar de madrugar... hasta que la radio llamó a la puerta. Despertamos a la gente al otro lado del micrófono para luego irnos a dormir. El mundo al revés.

A Día de Hoy, todos los días de 4 a 6 de la mañana en Punto Radio.

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