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Noventa años después.

Muguruza; Carrasco, Múgica, Emery; René Petit, Eguiazábal; Angoso, Legarreta, Patricio, Amantegui y Acosta.

Quizá los niños de Irún canturrearan esta alineación cuando soñaban con ser futbolistas allá por los años veinte. El once con el que el Real Unión se hizo grande y se convirtió en campeón de España en 1918. Cuando el foot-ball acababa de aterrizar en España y no pasaba de ser una afición para aquellos que lo practicaban. Ni lujos, ni millones. Al fin y al cabo, sólo daban patadas a un balón.

El rival: el Real Madrid. Uno de los equipos grandes de la época, como lo era el Real Unión por aquel entonces y como sigue siendo el equipo de Chamartín A Día de Hoy (en Punto Radio). Cinco veces campeón de España en ese momento, y en cuyo once titular ya aparecía un nombre que les sonará a muchos de ustedes: un tal Santiago Bernabéu que dudo que acabase contento después de aquel partido.

Pero voy a fijarme en otro de los nombres que he mencionado: Múgica, del Real Unión. José Múgica Múgica. Campeón de España con el Real Madrid primero, y con los de Irún después, todo antes de los veinte años. No tuvo mala trayectoria. Pero como por aquel entonces el foot-ball no daba de comer, estudió la carrera de Derecho para acabar siendo abogado, alcalde de San Sebastián durante la Guerra Civil, y Consejero del Banco de España al volver de su exiliio. Como ven, los futbolistas de entonces no podían entregarse a la vida contemplativa al terminar su carrera como deportistas.

Mucho han cambiado las cosas desde aquellos años. Para empezar, el Real Unión de Irún hace tiempo que dejó de ser uno de los mejores equipos de España para convertirse en uno de tantos clubes que navegan por Segunda División B o Tercera. Poca gente recuerda a René Petit, un francés en la época donde los jugadores extranjeros eran algo exótico, en este momento en que los jugadores españoles ya son bichos raros en Primera División. Y eso que somos campeones de Europa de fútbol. Entonces se contentaban con poner en marcha la selección española, que debutó en los Juegos de Amberes con dos jugadores del Real Unión en su once titular. Porque en esos momentos las Olimpiadas las disputaban los mejores jugadores.

Santiago Bernabéu hizo carrera también, hasta convertirse en el mejor presidente que ha tenido hasta ahora el Real Madrid y consagrar a este club como el número uno en la historia del fútbol. Nada que ver con los de Irún. Miren como viven ahora los jugadores blancos: lujos, millones y vida comtemplativa cuando su carrera deportiva termina. Y eso que sólo dan patadas a un balón.

Y si los chavales irrundaras de aquellos años veinte cantaban el nombre de José Múgica entre sus ídolos futbolísticos de la época, los del siglo XXI tendrán que aprenderse de memoria la siguiente alineación:

Eduard; Larraínzar, Berruet, Iglesias, Gurrutxaga; Manu García, Behobide, Salcedo (Juan, m.62), Seguro (Eneko Romo, m.53), Aitor; y Abasolo (Goikoetxea, m.73).


Dijo Raúl al final del partido que los jugadores del club blanco no habían estado a la altura de los colores que defendían. Quizá él sea quien menos deba pensar eso. No sé si la culpa es suya. Quien sí la tiene es un entrenador que no sabe afrontar este torneo con la seriedad que merece ni unos directivos incapaces de planificar una plantilla con posibilidades de ganarlo todo, como debe tener el Real Madrid. Y noventa años después, dudo que Santiago Bernabéu hubiera acabado contento después de este partido.

Todo ese tiempo ha pasado desde la primera Copa de España del Real Unión hasta nuestros días. Y como digo, muchas cosas han cambiado en nuestro fútbol, pero el sentimiento de los jugadores y aficionados de aquel club habrá vuelto a ser el mismo: como si fueran los campeones. La víctima, otra vez, el Real Madrid.

Y si durante el día de hoy ven a un señor de un metro ochenta y cinco, pelo moreno y bigote castaño, con gafas, un pin del Real Unión en la chaqueta y una sonrisa de oreja a oreja en la cara, felicítenle. Es mi padre. Que hoy lucirá su insignia con orgullo en recuerdo de José Múgica, que por cierto era familiar suyo. Y de esas cosas hay que presumir. Aunque sea noventa años después.

Siete dias...

Siete días hace desde que miles de apostantes lloramos amargamente quedarnos sin dinero en la quiniela. Todo lo amargamente se que puede llorar por perder unos pocos céntimos, ya que la normativa dice que el premio por diez aciertos se suprimirá si a cada ganador le corresponde menos de un euro. Que parece poca cantidad, pero multiplicado por millón y medio de columnas premiadas, debe ser una suma apetitosa. Y con los tiempos que corren, el Estado se aprieta el cinturón en cualquier cosa.

Siete días desde aquello y la semana siguiente ha traído justicia. Porque no hay mal que por bien no venga y los céntimos voladores han vuelto en forma de una quiniela de once y otra de diez. Para los grandes apostantes eso es una miseria, pero para un chaval que gasta un euro cada semana en rellenar dos columnas, es una buena noticia. Dudo que haya fondos de inversión que den tanta rentabilidad.

Siete días con dos jornadas de Liga y dos quinielas en poco tiempo, así que los premios no son muy elevados, porque no hay bolsillo que pueda permitirse alegrías en estos tiempos de penurias económicas. Pocos apostantes, poca recaudación, poco dinero para los acertantes. Pero da lo mismo. Lo importante es la alegría que produce. Si te contentas con poco, es más fácil ser feliz.

Siete días para la próxima jornada, y ya me da lo mismo acertar o no. Aunque a nadie le amarga un dulce y un pleno al quince siempre sería bien recibido. Pero dicen que más vale pájaro en mano que ciento volando, y no tengo quince aciertos, pero tendré quince euros. Habrían sido más si el Atleti hubiese hecho lo que tenía que hacer: ganar. No porque yo sea rojiblanco, que no lo soy, sino porque había puesto un 1. Pero con esto se aprende una buena lección: nunca de fíes del Atlético de Madrid. Sólo unos pocos lo hacen, y así sufren los pobres.

Porque a los siete días Dios creó al hombre. Y con el, la quiniela y el Atlético de Madrid. Lo primero puede acercarte al Paraíso, lo segundo puede llevarte al infierno. Que se lo pregunten a los rojiblancos, que ya se dieron un paseo por allí.

Mal de muchos, caras de tontos.

Dicen que el fútbol es el deporte nacional. No es verdad. El fútbol es la excusa que origina los dos deportes por excelencia de nuestro país: el sillonbol y la Quiniela. El primero nos hace creer que sabemos sobre el "deporte rey", y el segundo nos demuestra semana tras semana que en realidad la mayoría no tenemos ni la más mínima idea.

Pero de vez en cuando, muy de vez en cuando, la suerte y los pocos conocimientos que uno tiene sobre fútbol se alinean en forma de aciertos en las apuestas. En mi caso, sólo había acertado 10 una vez en mi vida. Acertar 11 es un sueño. Y el pleno al quince, un mito.

Ayer esta estadística se hizo un poco menos nefasta. Otra vez los dobles dígitos gracias al gol del Hércules a última hora y los seis chicharros que el Barcelona consiguió en El Molinón, que sonaban como campanadas a la espera de que terminase la cuenta atrás del tiempo de juego.

Es verdad que una Quiniela de diez no te saca de pobre. Pero tomarte algo con los eurillos que han llovido del cielo es una experiencia muy agradable. Aunque no compense todo lo que hayamos gastado anteriormente en loterías y apuestas varias.

Pero no iba a ser el caso. Si un servidor no acierta nunca y de pronto caen aciertos como churros, debería sospechar que la Quiniela de esa semana es extremadamente sencilla. Y así ha sido. Echar un vistazo al escrutinio hace que a uno se le caiga el alma a los pies.

"5ª categoría: 10 aciertos. 1.581.217 boletos premiados. 0,00 euros."

0.00 euros. Ni fiestas para celebrarlo, ni viajes alrededor del mundo, ni mansiones ni yates. Ni siquiera un piso modesto, un coche normalito y un viaje a Benidorm. Ni un menú gratis en cualquier hamburguesería. Ni un refresco. Nada. Porque hay 174 acertantes del pleno al quince, y más de millón y medio de boletos como el tuyo. Si les soy sincero, no pensaba que tanta gente jugase a la Quiniela.

Así que si hoy ven en la oficina, o caminando por la calle, o en las tiendas de su barrio, a alguien con cara de fastidio y añoranza por lo que pudo haber sido y no fue, piensen que puede ser una de esas miles de personas que como un servidor se han quedado sin un duro por su Quiniela de diez aciertos. Y sean solidarios con ellos. Porque no hay alivio para esta pena. Dicen que mal de muchos, consuelo de tontos. Pues no. Mal de muchos, caras de tontos.


Por si alguien lo ha pensado al leer esto, ya sé que hay muchos problemas más importantes que lo que he contado, y más en un día como hoy, con la noticia que abre todos los informativos. Pero con todo el respeto y cariño a las familias de las víctimas de las barbaridades de esos desalmados, un servidor piensa que es mejor que los violentos no marquen nuestras vidas y no merecen ni una palabra. A los locos, ni caso. Y como esta gente no tiene cura, lo mejor será encerrarles.

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EL JUNTALETRAS.

Francisco Izuzquiza.
http://izuzquiza.wordpress.com

Locutor, periodista, fotógrafo en sus ratos libres, escritor aficionado, trasnochador por devoción y obligación, y amante del arte de hablar sin que nadie se lo pida.

Cinco Lunas, domingos de 1 a 5 de la noche, y de lunes a jueves de 1.30 a 5.

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