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A la cola

Cuando entré, el vigilante me clavó la mirada mientras apuntaba con su nariz al reloj del monitor. Eran las 13:52. Uy, claro.

—Buenos días —preguntó sin pronunciar las eses.

—Hola, buenas tardes —precisé.

—¿Quería algo? —…como si estuviera extrañado.

—Sí, quería que me aclararan estos avisos que he recibido —explicaba mientras abría la carpeta.

—Si no tiene cita previa, tiene que esperar su número y mesa. Traerá los papeles escritos, por lo menos… —agravando la voz.

—No, mire, ya le digo, yo venía a… —ahí me quedé.

—Venga, venga, no se pare, que me está formando cola… —me espetó.

—Pero si es usted quien… —intenté replicar.

—No se entretenga, hombre… ¡Y mire qué hora es!

Pulsé el botón, la máquina escupió el ticket y me tocaron de premio los primeros diez minutos de espera. El altavoz emitía una voz pregrabada y metálica para llamarnos a filas.

—Pero bueno, ¿quién le ha dicho que esperara su turno para este mostrador? ¡Es en el de enfrente! —perdí su dedo por encima de mi hombro.

—Ah, vaya, gracias, me dijo aquel de la puer… Déjelo, muy amable —mientras daba media vuelta y me iba a la mesa de enfrente.

—¿A dónde va, a dónde va? —el grito me frenó en seco.

—Yo iba a… Usted me ha dicho que… —en efecto, sin palabras.

—No, hombre, no… No tenga cara. Vuelva usted a la entrada y coja el número otra vez… ¡Y ahora no se equivoque! —como si estuviera de vuelta al cole.

—Oiga, mire, no pretendía colarme, en la puerta me dijeron que… —en vano, una vez más.

—¿A mí que me cuenta? Venga, venga, no se pare, que me está formando cola…

Botón de nuevo, máquina en marcha, ticket para la media hora siguiente. Con esta vuelta la sala desespera, claro. 35 minutos después, avanzado el libro y con la oficina prácticamente vacía, llega mi turno.

—¿Y usted ha venido porque ha recibido estos documentos? —era la voz más aguda de las tres.

—Sí, claro, esto ya lo liquidé y aún así recibo estos avis… —qué manía con interrumpir.

—Pero es que habrá saltado el automático, esto ya pasó. ¿No se le ocurrió llamar por teléfono?

—La única línea que tienen no para de comunicar, por eso he veni… Sí, y antes de que me interrumpa, tampoco pude arreglarlo por la web, así que encima que estoy aquí podríamos resolverlo para que… —nada, no hay manera.

—Claro, es que para dar de baja lo que me pide tienen que rellenar el documento cero equis tal. Tiene que pedirlo en aquella ventanilla —todo el mundo está detrás de mi hombro, pensé.

—Pero oiga, no quiero perder mi turno… —medio sollocé.

—Bueno, ahora le doy paso al siguiente y usted espera a que acabe —frunciendo el ceño, como si todo el mareo fuera lógico.

Tras la ventanilla estaba el primer vigilante, inexplicablemente, ahora al teléfono.

—Hola de nuevo. Necesito el documento cero equis tal.

—Un euro —me responde mientras sonaba una caja registradora oculta bajo la ventanilla.

Siempre me quedará la duda de si me habrían cobrado el euro de haberlo resuelto por la línea telefónica que nunca descuelgan. Todo esto lo pienso mientras vuelvo a esperar que el segundo mostrador de mi odisea personal se quede libre. Otros cinco minutos para volver a la segunda base.

—Ay, pero para completar estos papeles tiene que presentar un escrito de alegaciones —desarrollando el caos.

—¿Cómo? Pero si se lo acabo de explicar… —empiezo a sudar.

—Ya, pero yo no le creo —sin pestañear.

—Pero si ve que traigo aquí toda la documentación y que es un error de ustedes, ¿por qué no lo arregla? No tiene sentido —intento razonar. En vano, claro.

—Es que ese no es el procedimiento —inflexible.

—Oiga, mire, he venido para darles parte de un error, he perdido una hora, a la porra el euro, pero me va a explicar que no me hayan dicho desde un principio que todo esto es un callejón sin salida. —me recuerdo conciliador, que no borde.

—Esto es lo que hay. Usted quería que le informara y es lo que hemos hecho. Venga, venga, no se pare que me está formando cola…

Moraleja: para cualquier trámite con la Administración primero llame por teléfono. Si no se lo cogen, a la vista de lo leído, servirá de atenuante ante un tribunal. Intenté evitar que me sigan enviando correspondencia inútil, es su problema el gasto de Correos y que sigan talando árboles para seguir comunicándome lo que podrían decirme por e-mail, se me ocurre.

Está muy bien que le vayan a subir los impuestos a los más ricos. Aunque no deberíamos olvidar que también deberían pagar más los funcionarios más antipáticos a la par que inútiles. Claro que no son todos, pero aquí están los míos. A la cola de todo.

@RadioactivoNet

400

Quería compartir con ustedes aquel dicho que alguien cambió con mucha gracia y aún más acierto: cualquier tiempo pasado fue anterior.

Antes, no hace mucho, el año pasado, estábamos mejor. Todos, en general. Tanto que el Gobierno presumió de arcas públicas y al grito electoral de ‘como me sobra, lo reparto’ garantizó la deducción universal de 400 euros a los contribuyentes; lo que la prensa bautizó entonces, por resumir, como que ‘Zapatero regalaba televisores de plasma’.

Del año pasado a este han pasado muchas cosas, también podría decir que han pasado muchas crisis, así que cuánto tiempo más estará el Gobierno arrepintiéndose de estar devolviendo ese dineral, con la falta que le va haciendo ahora.

Y hablando esta mañana en Protagonistas de esa controvertida Ley Beckham, ahora que el Real Madrid ha soltado una pasta insultante por traerse a Cristiano Ronaldo, cuánto tiempo más tiene que pasar para que España, por si no lo sabían, siga siendo uno de los países con menores costes fiscales para los futbolistas extranjeros, un régimen especial por el cambio forzoso de residencia.

Resumiendo: cuántos goles más vamos a encajar por culpa de la crisis… Dicho de otro modo: de seguir así, cuántas familias más van a acabar viviendo sólo con 400 euros.

Sobre este blog

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RADIOACTIVO, el blog de Piñe

José Antonio Piñero (Puerto Real, Cádiz, 1975) lleva 20 años pegado a un micrófono.

Lo viste en Canal Sur y lo escuchaste en RadioVoz, en Onda Cero y ahora en PUNTO RADIO, donde dirige y presenta los Servicios Informativos del Fin de Semana, galardonados con la Antena de Oro 2007.

japinero@puntoradio.com

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